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La libertad y el decidir ser agradecido

De acuerdo con una leyenda de Arabia, un hombre joven vagaba por el desierto y llegó a un arroyo de agua cristalina. El agua estaba tan deliciosa que llenó su cantimplora de cuero hasta rebosar para poder llevarle a un anciano de la tribu quien había sido su maestro. Tras una jornada de cuatro días, le ofreció́ el agua al anciano, quien bebió́ bastante, sonrió́ amablemente y le agradeció́ a su antiguo estudiante tan excelente agua. El joven regresó a su casa con el corazón contento.

Luego, el anciano le dio a beber el agua a otro alumno, quien la escupió́ diciendo que era terrible. Tal parece que el agua
se hab
ía puesto rancia tras haber estado en la cantimplora durante cuatro días. El estudiante retó a su mentor: “Maestro, el agua estaba horrorosa. ¿Por qué dijiste que te gustaba?” El maestro respondió́:

“Tú solamente probaste el agua, mientras que yo saboreé el regalo. El agua fue simplemente el canal de un acto de bondad”.

 

Esta historia inspiradora narra una profunda verdad. Nos habla sobre la importancia de cultivar la gratitud en nuestras vidas y nuestras relaciones.

Casi siempre pensamos en la gratitud durante días de fiesta o eventos especiales, cuando tenemos una oportunidad de recordar y celebrar aquello por lo cual nos sentimos agradecidos. Sin embargo, la gratitud no tiene que ser relegada solamente a estos momentos. Tenemos la habilidad de avivar nuestra capacidad innata de gratitud cada momento del día.

Pese a las apariencias, circunstancias o formas externas, el anciano de la tribu en esta historia pudo percibir con claridad el espíritu del regalo del alumno y el amor del cual provino. En otras palabras, pudo ser agradecido incluso cuando no tuvo que serlo. Pudo experimentar gratitud inclusive en circunstancias “amargas”. De la misma manera, podemos desarrollar la gratitud y cualquier otra capacidad espiritual.  Nos volvemos agradecidos mediante nuestra intención. Aunque no siempre tengamos opción sobre qué experimentamos en la vida, sí tenemos definitivamente  la decisión sobre cómo experimentamos lo que nos ocurre.

(…) Cada vez que nos encontremos con una dificultad o frustración, podemos preguntarnos: “¿Por qué me puedo sentir agradecido?” “¿Qué tengo ya que puedo apreciar?” “¿Cuándo y cómo demuestro mi gratitud hacia otros y hacia mí mismo?” Podemos hacer grandes cosas cuando cultivamos la gratitud en nuestros corazones. 

Jesse F. Tanner, Ph.D.

Queremos contarles que seguiremos cuidando nuestro lugar para recibirlos y, ahora más que nunca, disfrutar juntos de la naturaleza, el juego, la convivencia y la amistad, y aprender de aquellas vivencias que nos hacen mejores seres humanos.

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